Raquel Vázquez es una poeta, aforista y narradora nacida en Lugo en 1990. Filóloga e informática, su último libro, Aunque los mapas (Visor, 2020), recibió el Premio Loewe a la Creación Joven y El Ojo Crítico de RNE de Poesía. También ha publicado, entre otros, los poemarios Lenguaje ensamblador (Renacimiento, Premio Orizzonte Atlantico, 2019), El hilo del invierno (Hiperión, Premio València Nova, 2016) o Luna turbia (Torremozas, Premio de Poesía Joven Gloria Fuertes, 2013); la novela Chomolangma (La Isla de Siltolá, 2017) y los libros de cuentos La ocarina del tiempo (Trifolium, 2016) y Paralelo 36 (Talentura, 2019). Fue residente de la XIII promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores.
***
CÁMARA
Detrás
de un maquillaje
de pájaros afónicos
cuánto nos hemos soñado, tú y yo,
quebrados cómplices, testigos mudos
de cómo se desangra este silencio.
Apenas quedarán unas manos manchadas
por la caja de música
que en la niebla ninguno de los dos acertó a abrir.
Y el diafragma se cierra
y se encuentran nuestros ojos,
pero esta luz ya duerme en la humedad
y su página rota.
Con la mordaza sonreímos dolor.
El flash nos
compadece, y de qué sirve.
No sé qué haremos con tanto recuerdo
muerto en líquido amniótico.
***
SUFIJOS TELEFÓNICOS
Guernica 37,
Nagasaki
45, Sarajevo 93,
Basora 2003, Alepo 2015.
En tantos
cementerios,
lápida a lápida se va tallando
un final repetido
a modo de punzante sufijo telefónico.
Son hilos ya
cortados:
qué comunicación posible, qué palabra.
Salvo el dolor, ya todo lo demás no llega nunca.
O demasiado
tarde.
Cuando tal vez ningún número importe.
La cifra en
la memoria
como el mismo sufijo de un silencio.
***
EN EL PICO
Querría
resguardarte de la noche,
que no hubiera intemperie,
que no hubiera latón ni aire oxidado.
Querría que el olvido o la erosión
fueran muecas risibles de otra historia
y ahora nunca murieras
y ahora nunca el insomnio te quemase
de plástico los ojos.
Querría que el deseo
llegara siempre a tiempo a la estación,
que el reloj consistiera en un juego de niños.
Que la tormenta fuera con flor de jacarandas.
Y el dolor, nada más que dos sílabas inermes.
Que la mayor herida la dijesen los pájaros.
***
EN CASO DE EMERGENCIA
Rompimos
el lenguaje.
Vamos, dijiste; o yo traduje, eso
no importa:
sólo importó
aquel mirlo
que aguardaba en tu mano con las alas plegadas.
Pusiste esa
sonrisa
boba que tanto me ha atraído siempre.
Ahora pude
decírtelo.
La eternidad
se demostró pequeña,
manejable: cabía
dentro de una modesta habitación de hotel.
Y estábamos
allí para tocarla.
***
CRUSTÁCEOS
Algún día
recordaremos esto.
Cuando no haya palabras que nos dejen nombrarlo.
Este tiempo
de equívocos,
este tiempo cangrejo.
Este tiempo
de diálogos sin voz
que nos gritan los ojos
y que
después no llegan siquiera a la garganta.
Algún día
recordaremos esto.
Probablemente en silencio, por no
perder tanta costumbre.
Por no saber
hablar
otro idioma distinto a la nostalgia.
Autora: Raquel Vasquez
Foto: Produção


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